Cincuenta hectáreas en Pézens, diez kilómetros de Carcassonne, y botellas que viajan hasta Singapur, Tokio y Nueva York. La exportación no es una estrategia para la Périnade — es la consecuencia natural de una calidad reconocida.

¿Por qué Singapur?

Singapur se ha convertido en una de las grandes plazas del vino mundial. Su posición como hub asiático, su clientela de conocedores exigentes y su cultura de la restauración gastronómica lo convierten en un mercado de primer orden para los dominios que buscan posicionarse en la calidad más que en el volumen. Es en este contexto donde las cuvées de la Périnade encontraron su lugar en establecimientos con estrella.

El proceso no fue precipitado. Se construyó a lo largo de varios años, primero mediante la participación en ferias internacionales, luego a través del encuentro con importadores que comparten los mismos valores: autenticidad, transparencia sobre las prácticas vitícolas y una narración sincera. El Canal du Midi, el terruño de Pézens, siete generaciones — elementos que resuenan más allá de las fronteras.

Exportación sin concesiones

Exportar no significa adaptar. Las cuvées enviadas a Asia o a Estados Unidos son exactamente las mismas que las ofrecidas a los visitantes del dominio. Sin línea específica de exportación, sin cuvées formateadas para un mercado particular. Lo que ofrecemos a nuestros vecinos languedocianos, lo ofrecemos a las mesas de Singapur.

Esta coherencia es quizás nuestro mejor argumento comercial. Los compradores internacionales saben reconocer un dominio que no juega a dos bandas. Y cuando vienen a visitar la Périnade — y vienen — la realidad del lugar confirma cada vez lo que encontraron en la botella.